A ESTA MUJER LE SACARON 1 LITRO DE PUS DE LA VAGINA. PERO LO QUE PASÓ 3 DÍAS ANTES FUE AÚN MÁS IMPACTANTE


La argentina Angie de Elizalde descansaba tranquila en casa, de noche. Su marido estaba en Brasil de viaje, por lo que no se oía un alma en la casa. Hasta que de pronto se empezaron a oír unos gemidos: los suyos propios. Un punzante dolor en su vientre la alertó, pero no daba crédito a lo que pasó a continuación: Angie rompió aguas. Pero ella pensaba que esto era imposible, puesto que solo estaba embarazada de 5 meses y medio.




Su madre acudió en su ayuda. Le puso una toalla entre las piernas y se apresuraron hasta el hospital más cercano. Llegó totalmente dilatada, y cuando le iban a poner la anestesia epidural, Angie dijo: "Esperen que me quito la toalla". A lo que los médicos le respondieron: "No tenés ninguna toalla". Lo que tenía entre las piernas era Juana, su primera hija.


"Yo tenía un dolor terrible, veía las estrellas, y lo único que pregunté es si mi hija todavía estaba viva", cuenta Angie. La bebé apenas pesaba 600 gramos, pero estaba viva. "Tenía la cabecita del tamaño de una mandarina, es lo único que llegué a ver. Después apareció un séquito de médicos, la pusieron en una especie de cúpula de plástico y se la llevaron. Mi mamá salió corriendo atrás para sacarle una foto, porque si se moría yo quería recordar su cara", recuerda.




Una infección en la trompa de falopio fue lo que causó el parto prematuro. 3 días tras el parto, operaron a Angie y le sacaron un litro de pus de dentro. Pasaron 11 días hasta que la dejaron ver a su hija. En ese tiempo, había bajado de peso hasta los 550 gramos, y los médicos no estaban seguros de si saldría adelante.


"24 semanas es la prematurez más extrema. Lo cierto es que está al límite, en una zona en la que las posibilidades de vivir son muy bajas", le dijeron los médicos a Angie. Pero ella mantuvo la esperanza en todo momento. Juana se enfermó en muchas ocasiones pero siempre acababa zafándose. Angie y su marido pasaban con ella el mayor tiempo posible, y, tras 4 largos meses, se la pudieron llevar a casa.


Los médicos no era muy optimistas y pensaban que tendría ceguera, entre otras secuelas. Pero con el tiempo, tras numerosos tests, llegaron a la conclusión de que solo necesitaría una operación en el corazón cuando cumpliera un año y su cuerpo lo pudiera soportar. Todo fue bien y a Juana no le quedaron ninguna de las secuelas que preveían. Ahora, a los 4 años, se lo pasa genial con sus padres y sus perros.



¡Y además pronto tendrá un hermanito o hermanita, porque Angie está embarazada de nuevo! Los avances de la ciencia y fuerza inquebrantable de Juana, Angie y su familia han hecho que este sea uno de los cada vez más comunes partos muy prematuros en los que los bebés pueden crecer sin secuelas. ¡Bravo por ellos, y por todos los profesionales responsables! Le deseamos lo mejor a Angie y a su creciente familia.

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